Parece que lo mejor es no planear

En el año que está por terminar salí en tres ocasiones de vacaciones. Una de ellas la planee por meses y meses, pero el resultado fue catastrófico; mientras que las otras dos salieron de imprevisto y estuvieron cargadas de alegría y felicidad. Así que la enseñanza podría ser que lo que no se planea sale mucho mejor, aunque no me hagan tanto caso, pues cada personas tiene distinta suerte.

Aproximadamente por ocho meses planifiqué un viaje a Cancún para irme con mis padres, mi hermana, mi novia y mis suegros. Quería que todos nos conociéramos un poco más y conviviéramos en un paradisíaco lugar, nadie había dado indicios de que odiara a algún miembro de otra familia. Pero qué equivocado estaba yo. Mi novia y su familia tenían problemas para viajar en la fecha que estaba programado el vuelo, así que tuve que cambiar la fecha para una semana después, lo que me costó más dinero. Mis padres se molestaron por el cambio, lo que me costó un par de sermones.

Legó el día de partir y desde el primer momento en que se encontraron los padres de mi novia y los míos, comenzaron a hacerse comentarios fuera de lugar, incluso subidos de tono. Reclamándose por el cambio de fecha, por las veces que llevé tarde a su hija, entre muchas otras cosas más. En toda la semana que estuvimos en Cancún, siempre tuvieron un tema por el cual pelear, mi novia me reclamaba por no hacer nada, pero no había mucho qué hacer, era un fuego cruzado en el cual nos vimos involucrados.

Cuando veníamos en el avión de regreso, las dos familias parecían llevarse mejor, hablaban de los increíble que fueron las vacaciones, todo eran risas y charlas, algo extraño después de lo acontecido. Yo llevaba una cara de pocos amigos y no le dirigí la palabra a nadie, ni siquiera a mi novia, estaba más que enojado.