La Ley del Deseo

Hace un par de semanas tome unas vacaciones con mi familia ya que es verano y hacia dos años que no íbamos a ningún lado, debido a que laboralmente hablando había sido sumamente eventual y ocupado aunque muy productivos gracias a Dios.  Para vacacionas escogimos un sitio donde no íbamos desde hacia muchos años por razones del destino y nos quedamos en uno de los hoteles en Acapulco mas clásicos y que respiran la verdadera esencia de aquel gran puerto cuyas pasadas glorias aun se sienten palpables en el aire en los lugares correctos, fue un gusto poder respirar otra vez ese aire.

Debido a mi ausencia por un buen tiempo del viejo puerto de Acapulco, me había olvidado de algunos detalles en particular que todo veterano del puerto conoce. Dedo decir que cuando salgo de vacaciones –a diferencia de muchas personas- yo no gusto mucho de ver gente conocida, es decir capitalinos que conozco,  ya que el significado que yo he otorgado al concepto vacacional es uno de aislamiento y descanso donde puedo estar con mi familia sin interrupciones, algo que por supuesto en el viejo puerto es muy difícil de hacer.

  Esto es debido a que Acapulco es el patio trasero de la Ciudad de México, o mejor dicho, el puerto trasero de nuestra capital, por lo que por razones obvias los capitalinos como nosotros hacen buen uso del mismo tan seguido como sea posible, ergo el puerto en tiempos de vacaciones siempre esta lleno de lo que vulgarmente se le conoce como “Chilangos”.  Por mas que no me guste ver a personas que conozco durante mis vacaciones, este pequeño factor social  es uno que va bien con el viejo puerto, siendo esto inclusive, cuando era más joven, lo que hacía del lugar el mejor del mundo en ese entonces.

He de decir que por alguna extraña razón, motivo o circunstancia, las cosas que menos quiero que sucedan siempre suceden, de la misma manera en que cuando deseo algo mucho siempre termina sucediendo lo contrario a mis deseos. Sin embargo, en el momento que hago la paz con algún pensamiento que me causa terquedad entonces la situación tiende a desaparecer, de la misma razón que cuando dejo de desear algo con tanta pasión esto mismo viene a mi silenciosa y armoniosamente poco tiempo después cuando he casi olvidado el objeto de ese vivaz deseo.

Extrañamente, aunque conozco este principio de mi vida como la palma de mi mano, sigo cometiendo con mucha frecuencia el mismo error de desear muy fuerte por alguna cosa o circunstancia de la misma manera que ineptamente sigo tratando de rechazar bravamente muchas ideas de las que quiero escapar donde se producen los resultados que he ya mencionado. Sin embargo, puedo también cada vez con más facilidad cambiar la naturaleza de la situación.

Cuando llegamos a nuestro hotel, naturalmente me encontré con algunas personas conocidas, siendo esto lo que más repelía en mi mente. Sin embargo cuando acepte la idea, extrañamente no volví a ver a la mayoría, y pase un gran tiempo con aquellos que volví a ver.